Nos empeñamos en alabar la grandeza del ser humano, de presumir de sus cualidades y su complejidad cuándo lo cierto es que somos muchísimo más simples de lo que creemos.
Un simple acorde musical nos puede estremecer, exaltar o arrancar unas lágrimas. Una mirada nos puede ruborizar, alegrar o hacernos volver el rostro hacia otro lado. Una simple palabra, sin más, nos puede saber a gloria o ser un puñal.
No somos nada sin las emociones. No sabemos ser otra cosa que lo que somos: simples emociones. Muchas veces reconfortantes y otras muchas hirientes. Pero, a decir verdad, no sabemos vivir sin ellas.
Vive. Ama. Llora. Disfruta. Y, lo más importante: deja de lado los arrepentimientos y no tengas miedo de sentir, porqué, de alguna manera, los sentimientos son, con mucho, una buena manera de justificar la existencia.

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